No. 71 Bioètica y educación de futuro
Así comienza el cántico delle Creature de San Francisco de Asís y con este pronunciamiento
sublime y humilde, pero profundamente integrador y dinámico,
se inicia la concepción más profunda y mística de lo que posteriormente sería
la Bioética. Fue concebida en varios momentos desde la tierra, pero con mirada
al cielo, por una mente enamorada de la vida, del amor y de Dios.
El mundo ha caminado muchos caminos y ha tomado la decisión de seguir por unos
y abandonar otros, en este caso, el mundo optó por la racionalidad total y dejó de lado
la integralidad. En el siglo XII, en Italia, surgió un hombre que siendo realmente muy
joven, rico e inteligente, decidió transformar radicalmente su vida hasta lo inimaginable.
El mundo que concibió y vivió era un lugar donde el verdadero amor era posible y
podía ser universal, total e integrador. De igual manera, al lado de esta visión, también
se dieron otras, como la de Maquiavelo, quien sostenía que era mejor ser temido que
amado. Por esa razón, algunas generaciones decidieron seguirlo a él y a sus ideas y
dejar atrás el amor y la integración. Sobre ellas se desarrollaron y se concibieron las
visiones que hoy nos acompañan en el ámbito social, económico y político.
La urgente necesidad de volver sobre esta concepción del mundo, nos hace hoy reflexionar
sobre los efectos que tuvieron, ya que se tomaron como referencia y ahora se
aprecian con gran tristeza y a veces, desilusión, pues hemos perdido mucho al haber
tomado estos caminos. Sin embargo, siempre hay esperanza, gracias a las intensas
reflexiones de muchos, como se leerá en los artículos de esta revista. Este es un
llamado de atención y sobre todo, de acción inmediata, respecto de la formación de las
nuevas generaciones.
Dar el salto a la concepción del mundo como un todo y a sentir que todos somos parte
fundamental de ese todo, es la posibilidad de la paz real. Abrir la mente en la dirección
de la integralidad de las ciencias, las tecnologías y las humanidades y de la superación
de las crisis de valores que ha invadido a las nuevas generaciones, es la invitación que
desde 1970 Van Rensselaer Potter nos ha venido haciendo y no la hemos tomado con
seriedad y responsabilidad.
Parecería que esto no tiene nada que ver con la educación y con los nuevos procesos
de formación de futuro, la fragmentación en que se ha sumido la educación tradicional
no ha permitido ver el bosque de la totalidad integrada de la vida.
Los artículos de este número, que integra el segundo factor estructural de la educación
de futuro, tienen la gran virtud de hacernos mover en distintas direcciones y
desde diferentes puntos de vista que apuntan en la dirección de la tan importante
multidiversidad humana.
Hay planteamientos que se ciñen a lo estrictamente conceptual y necesario, como
también a la visión donde, desde la metáfora y la poesía, es posible ver el mundo y
amarlo. La visión de autores tan ponderados, como Valdemar de Gregory, Alfonso
Llano, Carlos Sierra y todos los demás, invitan a los maestros y a los estudiantes a
adentrarse en un mundo sin tocar, a unas visiones bioéticas y a unas posibilidades de
transformación.
La virtud de las nuevas visiones y nuevos planteamientos consiste en generar también
nuevas subjetividades y con ellas nuevas formas de actuar, de relacionarse y sobre
todo de lograr interrelaciones de gran responsabilidad, respeto y compromiso. La educación
de futuro tiene como misión la construcción de la autonomía y ello implica la
superación de la grave crisis en que se halla sumida la educación actual y en el logro
de hombres constructores de paz. Esto no será posible si no hay maestros formadores
de paz y de amor en el mundo
De donde flores si no hay jardines y de donde jardines si no hay jardineros